Hay una antigua frase arábe que reza: “naveguemos, el mar es invención de nuestra barca”. En su versión criolla, Alberto optó por la balsa -fiel a la poética de Nebbia- y naufragó en un océano comunicacional sin arribar a ninguna costa. Las consecuencias las paga en un momento donde salta contra él una grave denuncia de violencia de género y nadie tiene la misericordia de poner por delante la presunción de inocencia. Algunas causas de porqué la opinión pública resolvió que es culpable y no aguardó, como en otros casos de violencia de género entre figuras públicas, a la sentencia de la justicia.
Otro axioma político, más argento, dice que lo peor que podes hacer en política es no estar en ningún lugar. En términos narrativos, Alberto Fernández se empeñó durante sus cuatro años en construir un no-lugar, un relato siempre indefinido, inacabado, a medias. ¿Quién se atrevería a decir que es del todo kirchnerista? ¿Y que es antikirchnerista? Aquel albertismo que solo existió como una posibilidad, aquella sumisión a Cristina que solo era real para los medios de comunicación, llevaron a que una vez perdido el poder, perdió todo sustento y legitimación.
Milei y Cristina juegan a otra cosa. Aún sin estar sentados en el sillón de Rivadavia, ambos sostuvieron un relato comunicacional que es capaz de responder al para qué de su existencia política. Encontrar y definir una respuesta a aquella pregunta existencial, es poder. El sueño húmedo comunicacional de Alberto Fernández fue la pandemia, durante esos meses de encierro, en dónde encontraba un sentido a su gobierno a la vez que su voz resonaba con autoridad en la comunidad y la imagen del presidente crecía. Nos sentábamos en la mesa a escuchar las nuevas medidas del presidente al que le creíamos. Al ritmo que se fueron los barbijos también se fue aquella legitimidad que Fernández supo conseguir. Como dice el tango, es todo tan fugaz. Alberto se encargó de defraudar a todos y por eso hoy todos tienen un motivo para culparlo de algo, de lo que sea. No duelen tanto los posibles golpes a Fabiola como la curva que nos comimos. La curva de la esperanza depositada, la del resurgimiento de una actualización del peronismo, la de volver a la política después del macrismo. Esto que leí en internet lo resume muy bien.
La posibilidad de construir un relato es un sendero que está antes de los lugares de poder, y los trasciende. El ejercicio del poder es también eso. Horacio Rodríguez Larreta forjó su candidatura presidencial en el hacer, su relato se basó en mostrar a CABA como portfolio de lo que había hecho. Hoy, sin lugares concretos desde donde hacer, su voz y su figura se devalúan y no encuentran de dónde agarrarse para, al menos, ligar una nota radial. Naufragio.
Que el tema de Alberto Fernández se haya instalado no es casualidad. Milei ha demostrado una capacidad virtuosa para instalar agenda, incluso mucho antes de ser presidente. ¿Hace cuanto que en la Argentina se habla de lo que quiere Milei? El ahora presidente demostró que no puede decirnos qué pensar pero sí en qué pensar. También construyó una balsa, pero con un rumbo y una costa a la que arribar muy definida. Y entonces empezamos a debatir primero si era posible destruir el banco central, luego si era factible la dolarización y cuando pestañeamos estaba asumiendo. Los relatos necesitan de actualizaciones, se nutren de la posibilidad de llevar al ring público batallas previamente ganadas. Lo vimos la semana pasada, con el intento de aumento en la dieta de los senadores, como si alguien hubiera puesto una trampera para que el presidente vuelva con su oda anticasta.
Finalmente, el banco central no será destruído en la República Argentina, pero aquella idea es la prueba de que la comunicación muchas veces construye al mundo, y la solidez de un mito político puede imponerse. ¿Hasta cuándo podremos seguir creyendo en el mito liberal libertario si nos endeudamos para comprar comida? ¿Cuánto puede durar esta compatibilidad? La respuesta no sólo hay que buscarla en las góndolas, sino también en las oficinas dónde se decide la estrategia comunicacional del gobierno.