El poder de Riquelme: cuando el amor se convierte en autoridad

 

Juan Román Riquelme dijo alguna vez: “Tener poder es que la gente te quiera mucho. Eso significa que algo le diste, porque alguna alegría le diste, una felicidad le diste”. Esa frase, tan simple como profunda, encapsula una idea de poder que desarma las nociones tradicionales basadas en la imposición o el control. Para los hinchas de Boca Juniors, Riquelme no es solo un ídolo; es un símbolo de grandeza compartida, de alegría sincera y de un liderazgo que trasciende lo deportivo. No se trata solo de los títulos que ganó, sino de cómo convirtió esos logros en una emoción colectiva que, aún hoy, une a millones.

El poder afectivo que describe Riquelme dialoga con las grandes tradiciones filosóficas y políticas. Aristóteles definía la amistad política como el núcleo de cualquier comunidad: un vínculo tejido en torno a valores y fines comunes, que se materializa en acciones que benefician al conjunto. En la carrera de Riquelme, esa idea no es una abstracción. Con su talento, llevó a Boca Juniors a conquistar momentos inolvidables: tres Copas Libertadores y una Intercontinental que no solo engrosaron las vitrinas del club, sino que tatuaron alegrías en el alma de los hinchas. Como él mismo expresó: “Eso significa que algo les diste”.

Pero el legado de Riquelme no se limita a lo que hizo en la cancha. Su relación con los hinchas se alinea con lo que Max Weber denominó dominación carismática: un vínculo emocional que emerge del reconocimiento de cualidades excepcionales en el líder. Sin embargo, el carisma de Riquelme no se detiene en el mito; se sostiene en hechos concretos que marcaron la historia de Boca y de su hinchada. Desde el Topo Gigio hasta las elecciones que lo enfrentaron al poder político del club, Riquelme siempre se posicionó como “uno de nosotros”, una figura que no sólo inspira, sino que actúa.

Ese vínculo afectivo quedó grabado en un episodio reciente en Rosario. En medio del caos, con hinchas enfrentándose a la policía y la violencia a punto de estallar, Riquelme bajó del palco. No era un dirigente hablando desde la distancia, sino un líder cuyo principio de autoridad reside en el amor y el respeto que genera. Con gestos, más que con palabras, logró calmar las aguas donde ni los gases lacrimógenos ni los escudos pudieron. Ese poder, que no necesita discursos, se expresó en acciones concretas: soportar el gas pimienta sin inmutarse, hablar con calma tanto a hinchas como a policías, y demostrar que el liderazgo auténtico no teme ensuciarse las manos cuando es necesario.

Jaime Durán Barba sostiene que la motivación política no radica en convencer, sino en conectar emocionalmente. En este sentido, la autenticidad se convierte en un activo esencial. Riquelme no simula; su compromiso con Boca y sus hinchas es percibido como genuino, lo que refuerza su imagen y su capacidad de influencia. Su relación con los hinchas no es un contrato frío, sino un pacto afectivo, construido sobre alegrías compartidas y momentos que quedarán para siempre en la memoria del pueblo xeneize.

El poder que encarna Riquelme es un recordatorio de que quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista. El verdadero conductor trabaja siempre para los demás, jamás para sí mismo. Y en ese compromiso genuino, Riquelme nos enseña que el poder más sólido no es el que impone, sino el que construye puentes. Es el que se alimenta de amor, de logros y de la capacidad de generar esperanza en los demás.

Más allá del fútbol, su historia es una lección universal sobre lo que significa liderar desde el corazón, con autenticidad y compromiso. En una época donde las emociones a menudo se banalizan, Riquelme nos recuerda que el amor, cuando se convierte en autoridad, tiene el poder de transformar no solo pasiones deportivas, sino comunidades enteras

 
Firma: Augusto Ceraldi. 
Apasionado por los libros y los asados, creo que muchas veces las mejores estrategias se conciben lejos de los escritorios, tal vez con un whisky en la mano. Con experiencia en gestión pública y un deseo por predecir tendencias y anticipar comportamientos

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