A mitad de camino entre el viento de cola del balotaje que cada vez sopla con menor intensidad y el horizonte planteado como la dolarización, inflación cero y levantar el cepo, el gobierno se encuentra en una etapa bisagra. Esta nueva fase, la segunda -como la auto proclamaron- incluye la incorporación formal de Federico Stuzzeneger como ministro titular, mientras que otros como Spotorno, Karagozian y Garro, han quedado en el vestuario o directamente fueron expulsados. A pesar de las diferencias de cada caso, el presidente les señala una causa común: no jugar en equipo para el proyecto libertario.
Sin lugar a dudas que, bajo el mismo argumento, el desplazamiento más resonante es el de Victoria Villarruel, aunque conserve su maquillaje institucional. Desde el vamos está claro que no cuadra en la arquitectura de poder del gobierno, ese equipo que se arma de atrás para adelante conformado por el arquero, Javier Milei, y la saga de centrales, Karina Milei y Santiago Caputo. Pero además de esa cuestión política, que podría atenuarse con el propio correr de los partidos y negociaciones, lo verdaderamente irreconciliable es la concepción cultural de la Argentina que tiene Vicky y que choca de frente con el proyecto libertario. Mientras tanto, Milei viajó al exterior y en su reemplazo en el cargo Villarruel fue al interior, a Catamarca ¿Algo más gráfico que eso?
Victoria Villarruel complementó de manera ideal la fórmula presidencial de Javier Milei. Su principal fortaleza no radicó en la paridad de género, sino en el componente cultural y patriótico que la dos ofrecía. Si bien nadie vota por el segundo, frente a la ideología foránea, las recurrentes citas y referencias a autores extranjeros, y un modelo de libertad importado; Villarruel cargó al binomio de un ethos patriótico, con un discurso de arraigo nacional y conservador, con esa escarapela que aunque a veces no se ponga, siempre lleva consigo.
Configurada así, la fórmula logró alcanzar un equilibrio y sortear momentáneamente ideas distintas de país, cuyo origen radica más en la interpretación del pasado que en el ideal de futuro. Vale decir, equilibrio no equivale a centro, la fórmula se propuso estar lo más a la derecha posible entre la oferta electoral, y en eso también Vicky puso capital. Con ese aporte sordo de Villarruel y el foco puesto en la figura ruidosa del candidato a presidente, se alcanzó el desempeño electoral conocido.
El conflicto en la presidencia de Alberto Fernández estuvo signado principalmente por las tensiones con su vice, Cristina Fernández. La diferencia entre aquella interna y esta, es que aquella disputa era política. El peronismo de Cristina y el progresismo de Alberto no eran zanjas difíciles de saltar, lo ideológico podía postergarse porque el epicentro del conflicto estaba en la repartija de cargos, las cajas y los funcionarios claves.
Entre Milei y Villarruel no se rompió nada, porque nunca hubo comunión. Lo que la campaña electoral escondió bajo la alfombra, la gestión lo puso sobre la mesa.
Dos. Casa Rosada. Cuando Milei inauguró el busto de Menem, Villarruel tampoco estuvo presente y optó por el silencio en las redes, aunque circuló un tweet del 2020 que habló por ella (¿fuego amigo o generado por los seguidores de Vicky?). Ahí donde Milei ve a un presidente que aplicó las recetas liberales al pie de la letra como los Estados Unidos guionaban tras el Consenso de Washington; Villarruel ve a un enemigo de la patria, que indultó subversivos y puso fin al servicio militar obligatorio, entre otras acusaciones. Los senderos se bifurcan también a partir de Menem.
Tres. Francia. Tras los cánticos de la selección argentina, la vice no titubeó y sumergió la discusión en lo profundo del debate por la soberanía de los países. Acusó a Francia de potencia colonialista, y reafirmó que “Argentina se hizo con el sudor de los indios, europeos, criollos y negros”; y corona cerrando con un “Viva la Argentinidad” en lo que suena como una versión criolla, burlona y antinómica del “Viva la Libertad”. Esto llevó a Karina a Francia a disculparse, pero Vicky nunca borró el tuit.
Esta semana, mientras Milei acumula millas en viajes al exterior, Villarruel lo subroga siendo recibida en la patria profunda. En Catamarca participó de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, visitó el Santuario de la Virgen del Valle y en una de sus últimas publicaciones sentenció: “Argentina suelo bendito, nuestras tradiciones, el amor de la gente y el apego a nuestra tierra son lo que nos van a unir como argentinos para sacar el país adelante. ¡Todo por Argentina!”. El negativo de las fotos que Milei acumula recibiendo premios de academias internacionales en el extranjero, son los retratos de Villarruel con el poncho o arrodillada en los santuarios más recónditos del interior de la Argentina. Mientras Milei se vanagloria como el primer presidente lilberal libertario de la historia de la humanidad y se involucra en las lucha contra el socialismo a nivel global, Villarruel persigue otras reparaciones que tienen que ver más con la historia doméstica. Pelean en rings distintos.
Una leyenda parece escribirse en la política argentina moderna y es el conflicto inevitable entre los presidentes y sus vices. Villarruel también tuvo ese derecho que no se le niega a ningún vice, el de traicionar a su presidente, y le quedó servida la definición de la Ley Bases empatada en la Cámara de Senadores. En sus manos quedó el sueño húmedo de Milei en esta primera fase, las llamadas de larga distancia entre Franco y los gobernadores, las horas de televisión dedicadas en los medios. El fantasma de Cobos y la puerta entreabierta para desempatar de manera negativa y forjar un destino político propio, no la tentaron. Desempató a favor y cerró la fase uno del gobierno.
Quienes miran un poco más allá, leen una jugada paciente. No se trató de un acto benévolo y orgánico para con el proyecto libertario, sino de terminar de darle las herramientas necesarias para que se pegue la piña. En la disección del electorado libertario hay un sector que comienza a desencantarse con las políticas libertarias que no mejoran su economía. Los sectores medios y medios bajos que confiaron en Milei comienzan a soltarle la mano y, ante la negación de volver a votar “más de lo mismo” puede surgir una alternativa desde adentro. Para cuando finalmente el FIAT 600 que conduce Milei se estampe -como esperan Macri y asociados-, Villarruel puede haberse distanciado lo necesario para ofrecerle otra Victoria a la libertad.