¿Por qué existís en la política?

En política estar no es existir.  

Podés tener un cargo, aparecer en los diarios, figurar en las fotos, caminar los pasillos… y aun así no existir políticamente.    

Porque existir no depende de ocupar un lugar, sino de que el sistema te necesite para algo concreto.

La política es brutalmente simple en esto: te sostiene mientras lo que aportás es necesario. El día que dejás de ser necesario, dejás de existir. 

No importa cuánto ruido hagas, cuántos seguidores tengas, ni cuántas reuniones publiques simulando influencia.

La pregunta de fondo es incómoda pero inevitable: ¿Qué problema resolvés? ¿Qué valor aportas? ¿Qué parte del sistema depende —aunque sea un poco— de que vos estés ahí?

Ejemplos que lo explican mejor


1. Guillermo Moreno y Elisa Carrió Dos personas que existen políticamente aunque no tengan votos. ¿Por qué? Porque su existencia se sostiene en legitimidad simbólica. Moreno encarna un contenido doctrinario del peronismo. Carrió encarna la transparencia y la república. Son marcas políticas. No necesitan cargos para existir: su utilidad es simbólica.

2. Miguel Ángel Pichetto y Emilio Monzo Tampoco tienen un caudal electoral propio que mueva la aguja, pero existen porque aportan técnica, oficio y una red de relaciones que ningún gobierno desprecia. Cumplen una función que muy pocos pueden cumplir: negocian, destraban, alinean. Saben cómo se arma la arquitectura fina para que un gobierno opere sin romperse. Y además tienen algo todavía más escaso: son confiables en un ecosistema donde casi nadie lo es.

3. Máximo Kirchner Su razón de existir está en su apellido. Es un delegado, un operador del dispositivo político que conduce su madre. Si Cristina le quitara ese sostén, su existencia se desmoronaría de un día para el otro. Porque no tiene otro atributo que lo constituya por sí mismo.

4. Lisandro Cavatorta Tenía visibilidad, tenía imagen, tenía pantalla. Eso le dio un atractivo inicial.

Su única traducción fue electoral: si sacaba votos, servía. Si no, dejaba de servir. Mientras el peronismo lo sostuvo como candidato, estuvo. El día que dejó de aportar votos —cuando ese capital simbólico no se convirtió en representación real— dejó de existir políticamente. No porque cambiará él: porque el sistema dejó de necesitarlo.

Lo importante de estos ejemplos no es el nombre propio.  

Es lo que muestran: La política no te evalúa por lo que decís que sos, sino por lo que aportas.

Podés existir por votos, por estructura territorial, por conocimiento técnico, por dinero, por legitimidad simbólica, por capacidad de articulación, por representación sectorial. Las formas de existencia son muchas.  

Pero todas tienen un denominador común: sos necesario para algo que el sistema no consigue sin vos.

La pregunta vuelve, más filosa:

¿Por qué, concretamente, el sistema político te necesita?

Si esa pregunta no tiene respuesta clara, entonces la verdad es incómoda: estás, pero no existís.

 

Por: Augusto Ceraldi 

Lic. en Ciencia Política 

 
 

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